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Automatizar aprobaciones y firmas electrónicas

Una aprobación por correo no deja proceso: deja conversación. Nadie sabe con certeza en qué punto está, quién la tiene detenida ni con qué criterio se decidió. Automatizar aprobaciones es convertir esa conversación en un flujo con reglas, plazos y registro.

A continuación: por qué el correo falla como mecanismo de aprobación, qué se automatiza bien, qué exige criterio y qué cambia con la firma electrónica.

Las aprobaciones están en todos los procesos importantes: una compra, un contrato, un descuento fuera de política, un acceso, un pago. Y en la mayoría de las organizaciones se resuelven por correo.

Funciona hasta que alguien pregunta desde cuándo está detenida una solicitud, quién la aprobó realmente o por qué se autorizó una excepción. Ahí el correo deja de ser suficiente.

Por qué el correo falla como mecanismo

No tiene estado. Un mensaje no sabe si la solicitud está pendiente, aprobada o vencida, así que el estado vive en la cabeza de quien la empujó.

No tiene plazo. Nada ocurre cuando una aprobación lleva ocho días quieta, salvo que alguien se acuerde de insistir.

No tiene regla. Si el monto exige dos firmas, nada impide que avance con una. El control depende de que las personas recuerden la política, no de que el sistema la aplique.

Y no deja evidencia utilizable. Reconstruir una cadena de aprobación a partir de correos reenviados, meses después y con gente que ya no está, es exactamente lo que convierte una auditoría en un problema.

Lo que se automatiza bien

El enrutamiento por regla. Quién debe aprobar según monto, tipo de gasto, área o riesgo. Es una decisión determinista: la misma entrada produce siempre el mismo camino, y por eso es el mejor candidato.

El plazo y el escalamiento. Una solicitud que supera su tiempo se escala al siguiente nivel o notifica a un responsable. Es el cambio que más acorta los ciclos, porque ataca la causa real del retraso, que rara vez es la decisión en sí.

Las validaciones previas. Comprobar que la solicitud trae lo que necesita —presupuesto disponible, documentos adjuntos, datos del tercero— antes de ocupar el tiempo de un aprobador. Devolver temprano lo incompleto evita el ciclo de ida y vuelta.

La delegación por ausencia. Un aprobador de vacaciones no debería detener un proceso. Registrar la delegación con vigencia y dejarla operar sola es sencillo y evita la práctica de compartir credenciales, que es como se resuelve cuando no existe.

Lo que exige criterio

La política de aprobación en sí. Cuántos niveles, con qué umbrales y quién puede autorizar una excepción son decisiones de gobierno, no de tecnología. Automatizar una política mal diseñada la aplica más rápido y con menos discusión, que es lo contrario de lo que se busca.

Las excepciones también necesitan un lugar explícito. Un flujo que sólo contempla el camino feliz obliga a la gente a salirse del sistema cuando aparece un caso legítimo pero distinto, y a partir de ahí el registro deja de reflejar la realidad.

Y la decisión de fondo sigue siendo humana. Automatizar el flujo no significa automatizar el juicio sobre si algo conviene: significa que quien decide reciba el caso completo, a tiempo y con contexto.

Qué cambia con la firma electrónica

Aprobar y firmar no son lo mismo. Una aprobación es un paso interno de control; una firma es una manifestación de voluntad con efectos jurídicos, y el nivel de exigencia es distinto.

Colombia y México reconocen la firma electrónica, con distintos grados según el mecanismo empleado y la trazabilidad que lo acompaña. La regla práctica es que a mayor consecuencia del documento, mayor debe ser el nivel de firma y más sólida la evidencia de identidad.

Cuál corresponde a cada tipo de documento es una definición que conviene tomar con el área legal antes de construir el flujo, no después. Es la clase de requisito que rehace un diseño si aparece tarde.

Cómo se ordena el proyecto

Elija un proceso con volumen y dolor conocido —compras menores suele ser el mejor primero— y modele su camino real, incluidas las excepciones que hoy se resuelven por fuera.

Instrumente antes de optimizar: si no sabe cuánto tarda hoy cada paso, no podrá demostrar la mejora ni identificar dónde está el retraso.

Después extienda a procesos vecinos reutilizando el mismo motor de flujo. El error frecuente es construir un flujo distinto por área, con lo que la organización termina con cinco mecanismos de aprobación y ningún estándar.

Qué se necesita antes

Una política de aprobación vigente y con dueño. Un directorio confiable de personas y cargos, porque el enrutamiento depende de saber quién ocupa qué posición hoy. Y una decisión explícita sobre qué documentos requieren firma y de qué tipo.

Con eso, el flujo es construcción. Sin eso, es una discusión de gobierno disfrazada de proyecto tecnológico.

¿Por qué proceso conviene empezar?

Por uno con volumen alto y consecuencia moderada, como compras menores. Entrega resultado visible pronto y permite equivocarse sin costo grave mientras se afina el diseño.

¿Aprobar y firmar son lo mismo?

No. La aprobación es un control interno; la firma electrónica es una manifestación de voluntad con efectos jurídicos. Qué documentos requieren firma, y de qué nivel, conviene definirlo con el área legal antes de construir el flujo.

¿Qué acorta más los tiempos?

El plazo con escalamiento automático. La mayoría del retraso no está en decidir sino en que la solicitud espera sin que nadie lo note.

¿Cómo se manejan las excepciones?

Dándoles un camino explícito dentro del flujo, con aprobador definido y registro del motivo. Si el sistema sólo contempla el caso normal, la gente resuelve por fuera y el registro deja de servir.

Andrés Lozada
Andrés Lozada
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