Cada diciembre repito el mismo ejercicio con mi equipo: cerramos los proyectos del año, miramos lo que prometimos en enero y nos preguntamos qué dejamos sin hacer. Pero el ejercicio más valioso no es mirar atrás, sino preparar la conversación que cada CIO tendrá con su comité directivo en las primeras semanas de 2018. Esa conversación rara vez es sobre tecnología: es sobre dónde poner el capital, qué riesgos asumir y qué capacidades construir. En estas líneas le comparto las tendencias que, en mi lectura, definirán esa agenda y, sobre todo, qué significa cada una para el negocio.
En corto: 2018 será el año en que la nube deja de ser un experimento para volverse arquitectura por defecto, en que el dato pasa a gobernarse como un activo regulado y en que la automatización y el aprendizaje automático empiezan a tocar procesos reales. Para el comité, la pregunta no es si adoptar estas tendencias, sino en qué orden y con qué disciplina.
Durante años la nube fue un proyecto piloto que vivía al margen del corazón del negocio. En 2018 ese centro de gravedad se invierte: la pregunta deja de ser "¿qué llevamos a la nube?" y pasa a ser "¿qué razón tenemos para no llevarlo?". Para un comité directivo esto cambia la naturaleza del gasto de TI, que migra de inversión de capital a gasto operativo y exige nueva disciplina financiera.
Si su organización aún trata la nube como un proyecto de infraestructura y no como un modelo operativo, vale la pena revisar el enfoque de adopción de nube antes de comprometer presupuesto del próximo año.
La consecuencia natural de depender de la nube es no querer depender de una sola. En 2018 veremos más comités preguntando por estrategias multicloud y por contenedores como forma de no quedar atrapados. Kubernetes se consolida como el estándar para orquestar esos contenedores, y eso importa al negocio porque convierte la portabilidad en una palanca de negociación.
Mi recomendación para el comité es sobria: la portabilidad es valiosa, pero no es gratis. Adóptela donde el riesgo de dependencia justifique el costo de la complejidad, no como dogma.
2018 trae una fecha que ningún directivo debería ignorar: en mayo entra en aplicación el nuevo marco europeo de protección de datos (GDPR). Aunque su empresa opere en LATAM, si toca datos de residentes europeos o aspira a hacer negocios con ellos, el cumplimiento deja de ser opcional. Más allá de la norma puntual, la tendencia de fondo es que el dato pasa a tratarse como un activo que se inventaría, se protege y por el que se rinde cuentas.
Mi consejo es que el cumplimiento se vea como la oportunidad de poner orden en algo que de todos modos hacía falta: saber qué datos tiene, dónde viven y quién los toca.
2017 nos dejó una lección difícil de olvidar. Ataques de ransomware a escala global, como el que paralizó hospitales y empresas a mitad de año, mostraron que la seguridad ya no es un asunto del área técnica sino de continuidad del negocio. En 2018 el comité tendrá que asumir que la pregunta no es si seremos atacados, sino cuándo y qué tan rápido nos recuperaremos.
La seguridad madura se diseña desde el inicio de cada proyecto, no se añade al final. Si quiere una lectura más profunda del enfoque, revise nuestra mirada sobre ciberseguridad.
El aprendizaje automático (machine learning) lleva años en los titulares, pero 2018 es cuando empieza a aterrizar en procesos concretos: previsión de demanda, detección de fraude, segmentación de clientes, mantenimiento predictivo. No hablo de promesas futuristas, sino de modelos que mejoran una decisión que su empresa ya toma todos los días.
Recomiendo empezar por un caso de uso acotado, con retorno medible, antes de hablar de "estrategia de inteligencia artificial". Si quiere ver cómo enfocamos esa adopción de forma pragmática, aquí está nuestra visión de inteligencia artificial.
Mientras el aprendizaje automático trabaja sobre las decisiones, la automatización robótica de procesos (RPA) trabaja sobre las tareas repetitivas: conciliaciones, cargas de datos, generación de reportes. Es una de las tendencias con retorno más rápido y visible para 2018, precisamente porque no requiere rediseñar los sistemas, sino imitar lo que hoy hace una persona frente a la pantalla.
Termino con la tendencia que rara vez aparece en las presentaciones de tecnología y que, sin embargo, condiciona todas las anteriores: el talento. Nube, seguridad, datos y automatización compiten por las mismas personas escasas. En 2018 el cuello de botella de la mayoría de las transformaciones no será la tecnología ni el presupuesto, sino encontrar y retener a quienes sepan ejecutarla.
Siete tendencias son demasiadas para una organización que quiere ejecutar bien. Mi recomendación al comité es ordenar la agenda con tres preguntas simples:
Pocas apuestas bien ejecutadas valen más que un catálogo ambicioso que nadie termina.
¿Por dónde debería empezar un comité que va atrasado?
Por los fundamentos: poner orden en el gobierno del dato y elevar la madurez de seguridad. Sin esa base, las apuestas en aprendizaje automático o automatización no se sostienen y el riesgo crece.
¿La nube siempre sale más barata?
No necesariamente. La nube cambia velocidad y elasticidad por un costo que crece con el consumo. Bien gobernada es eficiente; sin disciplina financiera, la factura sorprende. El valor está en la agilidad, no solo en el ahorro.
¿Necesitamos cumplir con GDPR si operamos en LATAM?
Si maneja datos de residentes europeos o quiere hacer negocios en ese mercado, sí. Y aunque no aplique de forma directa, adoptar buenas prácticas de gobierno del dato lo prepara para las regulaciones locales que vienen.
¿Cuántas de estas tendencias deberíamos abordar a la vez?
Menos de las que tendría la tentación de incluir. Dos o tres iniciativas bien ejecutadas, con dueño y retorno claro, superan a un plan con siete frentes abiertos y ninguno terminado.
Antes de comprometer el presupuesto de 2018, vale la pena un diagnóstico honesto: dónde está su organización en cada uno de estos frentes y cuáles son los dos o tres movimientos que más mueven la aguja del negocio este año. En SUMāTO acompañamos a comités directivos en ese ejercicio de priorización, traduciendo las tendencias en una hoja de ruta con dueños, retornos y plazos realistas. Si quiere preparar esa conversación con datos y no con titulares, conversemos y armamos juntos el diagnóstico de arranque.