Diciembre llega con una pregunta nueva en cada comité directivo: ¿qué hacemos con la inteligencia artificial generativa? En cuestión de semanas pasó de ser una curiosidad técnica a estar en boca de toda la organización, y 2023 será el año en que esa conversación se convierta en decisiones de presupuesto, talento y riesgo. La buena noticia es que no hace falta improvisar: las tendencias que marcarán el año tienen una lógica que un comité puede priorizar con cabeza fría.
En corto: 2023 estará liderado por la IA generativa y los copilotos, pero su valor real dependerá de tres habilitadores poco glamorosos: datos ordenados, gobierno de IA y ciberseguridad. La recomendación es elegir pocos casos de uso con impacto medible y construir las barreras de protección desde el primer día.
El salto de calidad de los modelos de lenguaje grande (LLM) ha sido tan visible que el riesgo, paradójicamente, es el entusiasmo. Para el comité directivo la prioridad no es "tener IA", sino identificar dónde genera valor concreto: redacción y resumen de documentos, atención al cliente, soporte a desarrollo, análisis de contratos o generación de borradores comerciales.
La forma más rápida en que la IA generativa tocará a su gente no será un gran proyecto, sino asistentes integrados en las herramientas que ya usan: correo, hojas de cálculo, código y soporte. El copiloto no reemplaza el criterio humano; acelera tareas repetitivas y libera tiempo para lo que sí requiere juicio.
Si 2022 fue el año del asombro, 2023 será el de las preguntas difíciles: ¿qué datos alimentan estos modelos?, ¿quién aprueba un caso de uso?, ¿cómo evitamos sesgos y filtraciones de información confidencial? Un comité directivo que no defina estas reglas dejará que cada área tome decisiones sueltas, multiplicando el riesgo.
En SUMāTO entendemos este gobierno como parte de una estrategia AI-first: la tecnología primero, pero con barreras de protección desde el diseño.
Ningún modelo brilla sobre datos desordenados. La IA generativa ha hecho evidente, para toda la dirección y no solo para el área técnica, que la calidad y el orden de la información son el verdadero diferenciador. Quien tenga sus datos accesibles, limpios y bien gobernados podrá aprovechar la ola; quien no, verá resultados decepcionantes.
La misma tecnología que ayuda a su organización también ayuda a quien la ataca: correos de phishing más creíbles, código malicioso más rápido de producir y nuevas superficies de exposición. A la vez, los modelos generativos abren preguntas inéditas sobre fuga de información cuando un empleado pega datos sensibles en una herramienta externa.
Puede conocer cómo abordamos estos frentes en nuestra práctica de ciberseguridad.
La nube ya consume una porción relevante del presupuesto de TI, y la IA generativa añade un componente de costo variable que crece con el uso. Sin disciplina, la factura se dispara antes de que el valor sea visible. FinOps —la práctica de gestionar el gasto en nube con corresponsabilidad entre finanzas, tecnología y negocio— pasa a ser una conversación de dirección.
Una base de nube bien gobernada es la plataforma sobre la que todo lo anterior se sostiene.
Toda esta agenda depende de personas dispuestas a trabajar de otra manera. La escasez de perfiles especializados sigue siendo real, pero la respuesta de 2023 no es solo contratar: es formar a los equipos actuales para que convivan con estas herramientas y para que sepan cuándo confiar y cuándo cuestionar.
Frente a tantas tendencias, la tentación es abrir muchos frentes a la vez. La recomendación para 2023 es la contraria: elegir pocas iniciativas con dueño, métrica y horizonte claro, y asegurarse de que los habilitadores —datos, gobierno y seguridad— avancen en paralelo. La IA generativa premia a quien experimenta de forma ordenada, no a quien corre sin rumbo.
No necesariamente. Es preferible empezar con dos o tres casos de uso acotados, con responsable y métrica, y escalar lo que demuestre valor. Los grandes proyectos sin foco suelen consumir presupuesto antes de entregar resultados.
La combinación de entusiasmo y falta de gobierno: información sensible que sale de la organización, respuestas incorrectas tomadas como ciertas y costos que crecen sin control. Por eso el gobierno de IA y la ciberseguridad deben ir desde el primer día.
Por priorizar. No hace falta ordenarlo todo; basta con preparar los dominios de datos que alimentan los casos de uso elegidos y clasificar la información según su sensibilidad antes de conectarla a cualquier modelo.
Un esfuerzo conjunto entre negocio, tecnología y finanzas, con un comité de IA que apruebe casos de uso y vele por las reglas. La dirección marca las prioridades; las áreas las ejecutan con responsables claros.
2023 no premiará a quien adopte más tecnología, sino a quien la adopte con criterio. Si su comité directivo quiere convertir el ruido de la IA generativa en decisiones concretas, el primer paso es un diagnóstico honesto: qué casos de uso valen la pena, qué datos los sostienen y qué barreras de protección hacen falta. En SUMāTO acompañamos a equipos directivos de LATAM en ese camino. Conversemos sobre su agenda de TI para 2023.