Skip to content
automatizacion

Centro de excelencia de automatización: gobernar lo que ya funciona

Un centro de excelencia de automatización es el equipo que decide qué se automatiza, con qué estándar se construye y quién responde cuando algo falla. No es una oficina de proyectos: existe para que el conjunto de automatizaciones siga siendo gobernable cuando deja de ser un puñado y pasa a ser un portafolio.

A continuación: cuándo se justifica, qué decisiones concentra, cómo se dimensiona sin inflarlo y qué señales indican que hacía falta desde antes.

Las primeras automatizaciones de una organización casi nunca tienen gobierno, y está bien que así sea: son pocas, las conoce quien las hizo y el costo de coordinarlas sería mayor que el beneficio.

El problema aparece más tarde, y siempre de la misma forma. Nadie sabe cuántas hay, dos áreas construyeron lo mismo por separado, y la persona que entendía la más crítica cambió de rol.

Cuándo se justifica

No hay un número mágico, pero sí tres señales que suelen aparecer juntas. La primera es que ya nadie puede listar de memoria qué automatizaciones están corriendo. La segunda es que un cambio en un sistema rompe varias a la vez y descubrirlo toma días. La tercera es que las áreas empezaron a construir por su cuenta, cada una con su propio criterio.

Antes de esas señales, un centro de excelencia es burocracia anticipada. Después de ellas, su ausencia ya está costando dinero, solo que en una línea de presupuesto que nadie mira.

Qué decisiones concentra

Qué entra al portafolio. Un criterio único para evaluar candidatos, de modo que la prioridad no la determine quién pidió primero. Volumen, esfuerzo manual medido, estabilidad del proceso y viabilidad técnica.

Con qué estándar se construye. Cómo se manejan las credenciales, dónde se registran los errores, cómo se documenta y qué debe existir antes de pasar a producción. Es la diferencia entre un portafolio mantenible y cuarenta piezas artesanales.

Quién responde cuando falla. Cada automatización con un dueño funcional y un responsable técnico. Sin eso, la que se rompe en diciembre espera a enero.

Cuándo se retira. La decisión menos frecuente y la más olvidada: un proceso que cambió deja automatizaciones que ya no aplican, y mantenerlas cuesta.

Cómo dimensionarlo sin inflarlo

La versión más común de este error es montar una estructura grande antes de tener portafolio que gobernar. En la mayoría de las organizaciones medianas el centro de excelencia empieza siendo un rol a tiempo parcial y un estándar escrito, no un área.

Lo que no puede faltar desde el primer día es el inventario: qué existe, qué hace, de qué sistemas depende y quién responde. Un inventario en una hoja de cálculo bien mantenida gobierna mejor que un comité sin datos.

Qué se mide para saber si funciona

Un centro de excelencia que no reporta nada termina siendo percibido como un trámite, y esa percepción lo desmonta en la siguiente revisión de presupuesto. Conviene definir desde el inicio tres o cuatro cifras que se publiquen y no se negocien.

Las que más se sostienen son sencillas: cuántas automatizaciones están en producción y cuántas se retiraron, qué porcentaje falló en el mes y por qué, cuántas horas de trabajo manual se liberaron y cuánto tiempo pasa entre que un área propone un candidato y recibe una respuesta.

Esa última es la que protege al centro de sí mismo. Si la respuesta tarda meses, las áreas construirán por fuera sin importar qué diga la política, y el gobierno existirá solo en el documento que lo describe.

El modelo federado, y por qué suele ganar

Centralizar toda la construcción produce una cola: el centro se vuelve el cuello de botella y las áreas vuelven a construir por fuera, ahora a escondidas. Descentralizar del todo reproduce el problema original.

El punto medio que sostiene la operación es federado: el centro define el estándar, revisa y acompaña; las áreas construyen dentro de ese marco. La autoridad está en el criterio, no en la ejecución.

Ese gobierno se apoya en la misma disciplina que ordena el resto de la operación tecnológica, y por eso conviene mirarlo junto con la operación gestionada y con la capacidad de automatización en su conjunto.

Dónde empezar si aún no existe

Con el inventario y con una decisión: qué criterio se usará para aceptar el próximo candidato. Esas dos cosas se pueden hacer en semanas y ya cambian el comportamiento del resto.

Un assessment de automatización de procesos sirve como línea base, porque levanta los procesos candidatos y su esfuerzo real, que es la materia prima con la que el centro va a decidir. Los equipos se coordinan desde Bogotá y Ciudad de México, en el huso horario de la operación que van a gobernar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un centro de excelencia de automatización?

El equipo que decide qué se automatiza, con qué estándar se construye, quién responde cuando algo falla y cuándo se retira una automatización que ya no aplica. Su función es mantener gobernable un portafolio, no ejecutar todos los proyectos.

¿A partir de cuántas automatizaciones se necesita?

No depende del número sino de tres señales: nadie puede listar de memoria qué está corriendo, un cambio en un sistema rompe varias a la vez, y las áreas empezaron a construir cada una con su propio criterio.

¿Debe centralizar toda la construcción?

Rara vez conviene. Centralizar todo convierte al centro en un cuello de botella y las áreas terminan construyendo por fuera. El modelo federado —el centro define el estándar y revisa, las áreas construyen dentro de ese marco— es el que suele sostenerse.

¿Qué es lo primero que debe existir?

El inventario: qué automatizaciones hay, qué hacen, de qué sistemas dependen y quién responde por cada una. Sin ese dato, cualquier comité decide a ciegas.

Andrés Lozada
Andrés Lozada
LinkedIn

Explore más de SUMāTO

Inteligencia Artificial Transformación Empresarial Consultoría Estratégica AI Agent AI Contact Center Ciberseguridad